Con  un poco de humildad, Atención y Reflexión se puede mejorar:

  • Los mensajes verbales que transmitimos a nuestros hijos y a otras personas a través de nuestras conversaciones y relación diarias; hemos de ser conscientes si las frases que decimos son cañones de pólvora o de respeto.
  • Los mensaje no verbales o lenguaje del cuerpo (gestos, posturas, ademanes, miradas, tono de voz, etc.) que acompañan a nuestras palabras y que transmitimos con cada parte de nuestro cuerpo.
  • El prestar atención a las emociones: pensar qué acontecimientos las desatan, observarnos en la experiencia si nos gustamos o no, preguntarnos si las sabemos gestionar y modificar.
  • La percepción; mirar “desde fuera” como si fuéramos espectadores de otra familia, y reflexionar si nos gusta la forma en que nos estamos relacionando con nuestros hijos y las demás personas, ayudará a sentirse como un helicóptero que observa desde arriba.
  • Algunos “pequeños detalles” de la convivencia y modificar aquellos que no nos gusten. Empieza por uno pequeño, muy pequeño y proponte cambiarlo. En realidad, esos detalles crean toda la estructura de la relación, del desarrollo y, cómo no, de la estabilidad y puesta en práctica de la Inteligencia Emocional.

Si por un ½ segundo nos paramos a pensar ¿Qué es lo que realmente desata mi reactividad?, entonces estaremos abriendo la puerta al desarrollo de la Inteligencia Emocional.

Qué es lo que nos hace sentir amor, tristeza, rabia, fastidio, ternura, resentimiento, impotencia, motivación… El conocimiento de nuestras emociones será EL EJE FUNDAMENTAL,  si pretendemos conocer las emociones de nuestros hijos y de los demás. Si no sabes qué sientes tú, cómo vas a saber lo que sienten los demás…

¿Empatía con los hijos?, ponernos en su lugar, que difícil!, si ya no recordamos lo que comimos ayer, imagínate el ejercicio de recordar tus pensamientos, acciones o reacciones cuando tenías su edad y ponerte en sus zapatos…Cuando les estamos hablando, riñendo o dando consejos; se suele hacer desde una posición alta,  por encima; jamás se nos ocurre mostrarles primero nuestros miedos, debilidades e inseguridades con respecto al tema en cuestión; nos quedamos en la CORRECION SUPERFICIAL!.

Es fundamental preguntarles ¿cómo te sientes?, ¿tú que piensas sobre eso o aquello?, antes de empezar a juzgar, criticar, opinar o valorar a tu parecer;  y  a partir de allí empieza a corregir, reñir, hablar, o lo que tu buenamente sabes hacer en tu rol de padre o madre, porque  TU lo haces lo mejor que sabes; no prácticas para hacerlo mal; así que deja de flagelarte cada uno actuará desde sus valores. Pero recuerda, primero escucha…”el buen comunicador sabe callar para escuchar”

No existe ni receta, ni poción mágica para desarrollar nuestra Inteligencia Emocional; Sólo, saber parar ½ segundo y estar presente en la experiencia acallando al personal que tienes en tu cabeza emitiendo juicios e hipótesis; después de ese ½ segundo, pasarás a la reflexión y tomarás el control y la gestión de tus emociones.

Utiliza los planteamientos de la Inteligencia Emocional. Es apasionante y enriquecedor conocer las emociones, hablar de ellas, aceptarlas, gestionarlas, poder modificarlas, reaccionar según nuestros deseos y necesidades, y no solo según nuestros impulsos. ( la mayor parte del tiempo…). Recuerda: “Enfadarte con la persona adecuada con la medida adecuada, y en el momento adecuado..”

Cuando se aprende a bajar nuestra marea a “conciencia plena”  la sensación de bienestar se siente de forma interna y externa. Así, las gotas de felicidad diaria estarán refrescando nuestro día a día.

Recomendación:

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