“Los vencedores no son aquellos que están siempre aferrados a sus bienes; ni los que se pasan la vida rezando con las cuentas secas del deber; son aquellos que aman porque viven, y vencen de veras porque de veras se dan; los que aceptan el dolor con toda su alma y con toda su alma separan el dolor; los que crean porque conocen el secreto de la única alegría, que es el secreto del desprendimiento”.

Rabindranath Tagore

Muchas veces nos aferramos a cosas o personas para llenar un vacío interior que nos deja con una sensación de insatisfacción; que no se consigue reteniendo, ni aferrándonos con el sentimiento de posesión; es necesario desprenderse y aprender a compartir con los demás.

Podemos desprendernos de cosas, cualidades, habilidades, etc. Realmente desprenderse no tiene medida porque los intangibles no se agotan por más que se compartan o regalen.

Dejar de lado el egoísmo y ser generosos significa ofrecer lo que somos y tenemos y NO lo que nos sobra.

Desprenderse, tiene que ver con nuestra percepción, con la intención, el uso,  la importancia que le damos a las cosas, el tipo de vínculo que forjamos, los conocimientos y recursos que compartimos.

El desprendimiento emocional (de pareja, hijos, amigos, familia…) significa dejar el control del otro para ocuparnos de nosotros mismos, para ser autónomos y evitar entrar en juego de poderes dentro de una relación. Cuando estás atado emocionalmente a otros, esa dependencia genera inseguridad y das lugar a conductas de control; dejas de vivir tu vida para vivir pendiente del otro.

El desprendimiento emocional es necesario para evitar el daño y la asfixia mutua.